La abstracción de los 60

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A mediados de 1967 escribí mi primera nota en la prensa montevideana. Esta revisión de la plástica de los años 60 en la que estoy embarcada desde hace algún tiempo tiene algo que ver con un balance personal. Pocas etapas del arte uruguayo me resultan hasta ahora tan evidentes en su desarrollo y al mismo tiempo tan complejas de narrar. La fui entendiendo más cuando investigué a fondo procesos locales anteriores, dentro del siglo XX, sobre todo en el campo institucional del arte. Lo bueno y lo malo, tanto en el arte como en la política. Estuve entre quienes trazaron intensamente, en un campo y en otro, esa línea divisoria que dejaba por ejemplo al Taller Torres García del otro lado del arte nuevo, y a fines de la década a muchos artistas y espacios de difusión que (no) se plegaban a determinadas decisiones gremiales de la gente de la cultura. A cuarenta años de distancia llegó el tiempo del ajuste de estos espacios mentales, a costa de cierta incomodidad al releer cosas escritas en esos años con tanta convicción como intolerancia. Este texto de narrativa condensada y parcial forma parte de esa voluntad de revisión y trasmisión de una historia cercana, aunque todavía poco difundida.
Arte otro, arte nuevo.1 La defensa teórica de los caminos tomados por un amplio sector de la plástica fue un ingrediente de esta etapa de la historia del arte uruguayo que comienza a mediados de los años 50 y termina al inicio de los 70. En esa situación de intensidad de emprendimientos y polémicas, coexisten diversas vertientes, desde el concretismo hasta las corrientes matérico-informalistas, a las que se irán sumando el pop y la nueva figuración, el cinetismo, la nueva poesía y el arte conceptual, el arte objetual, los hapennings. El tema de la vigencia de ciertos lenguajes, o de la validez de las nuevas tendencias, ocupa los espacios especializados de la prensa. Arte y vanguardia, arte y compromiso social, como pares no necesariamente disociados, coexisten a lo largo de los años 60, mezclándose en enfrentamientos relativos a posturas creativas y éticas, aunque la voluntad de vanguardia monopolice la acción y la polémica en la primera mitad de la década del 60, para ceder el paso en la segunda a la presencia en la vida y la creación artística de la conflictividad social. Los años 50 fueron opacados por el impulso y los conflictos de los años posteriores, aunque en ellos está el origen de esta etapa en el arte, así como el comienzo del declive económico y social. Es indispensable recordar por lo tanto algunas situaciones iniciadas en la década de los 50. Como el acceso a la abstracción y el nucleamiento de artistas abstractos locales en sucesivas muestras. El nuevo empuje de las técnicas artesanales, en manos de artistas que acceden a la manipulación y puesta en forma de variados materiales. El duro enfrentamiento entre abstractos y figurativos, que se da entre los plásticos y teóricos y trasciende al público. Con conse-cuencias institucionales y opciones grupales de difusión. Así como los vínculos regionales y el acceso al arte europeo que marca todo este proceso.

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